miércoles, 27 de diciembre de 2023

Correspondencia epistolar entre Juan Benet y Carmen Martín Gaite

 Historia de una correspondencia

Manuel Longares

Lo que resalta en la correspondencia epistolar entre Juan Benet y Carmen Martín Gaite recogida por José Teruel es el toque literario que proporcionan los interlocutores a los temas que tratan. No son cartas donde se hable de las familias respectivas o de problemas profesionales, pero cuando se abordan intimidades como la neurastenia o la depresión, el tono literario prevalece sobre la confesión o el desahogo impudorosos. Como si disertaran sobre el fenómeno ante un lector quisquilloso o un tribunal literario, en vez de contar algo que corresponde a su intimidad y les afecta vivamente.

El tema central en esta correspondencia es la literatura, la tarea a la que ambos escritores se dedican con entusiasmo o desánimo, según les afecten asuntos de trabajo (Benet) o la paralización típica del proceso creativo (Martín Gaite). Benet apunta una serie de temas a debatir entre ellos: el concepto de amor en el cancionero galaico-portugués, la interlocución literaria y «la heterogeneidad radical del destino y de la imaginación», Io que da idea de la dimensión que alcanzan estas cartas. Carmen y Benet comentan los inéditos del otro (Benet lleva cuatro redacciones de Volverás a Región, Gaite está con El proceso de Macanaz y Retahílas) y hablan del dogmatismo, el amor no correspondido, las tres edades de la voluntad, «la cultura de certamen», la distinción entre actuar y jugar y la obstrucción literaria: «del placer incomparable que produce inventar literatura —dice Gaite— y de la nostalgia de quien ha conocido tal placer».

Carmen Martín Gaite y Juan Benet: Correspondencia. Edición de José Teruel. Barcelona: Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2012.



Carmina, Carmiña y Calila, incluso madame Ferlosio, son los nombres con que Benet designa a su corresponsal. Martín Gaite, que empieza con un solemne: «Querido Juan Benet», suprime en sucesivas cartas el apellido y antepone el «mi» al «querido» para dirigirse a su colega. Ya hacia 1966, es decir, a los dos años de este intercambio, Benet firma como «El joven político jubilado» su carta a «la vieja rema». Algún otro juego literario se permitirán, así como el envío de dibujos y fotografías. De todo ello se ha servido José Teruel, estudioso de Carmen Martín Gaite y responsable de la edición de sus Obras completas, para construir el mundo de los dos escritores.

Porque la relación entre Carmen Martín Gaite y Juan Benet —él es dos años más joven que ella— supera el periodo de tiempo de su correspondencia. José Teruel calcula que se conocieron «en el umbral de 1950», en la tertulia vespertina del restaurante madrileño Gambrinus, a la que asistían sus compañeros de generación. Ambos colaboran en la Revista Española de Rodríguez Moñino, ella con un cuento y él con una obra de teatro, y pronto Carmen destaca en el panorama literario porque obtiene premios y publica novelas y cuentos, no así Benet que, «como escritor —escribe en una de estas cartas— no paso de ser un aficionado que no ha logrado sino despertar la atención de media docena de amigos».

1964: Tras diez años de distanciamiento Impuesto por sus respectivos quehaceres profesionales, el matrimonio Ferlosio-Gaite encuentra un día a Juan Benet muy cerca de su domicilio madrileño, en la calle de Goya esquina a Doctor Esquerdo. Son las cinco de la tarde, Benet sube a casa de sus amigos, y a las doce de la noche telefonea a su mujer anunciándole que se retrasa. Comentando esta reunión ha escrito Martín Gaite: «De lo que Juan tenía sed —se notaba enseguida— era de tertulia. De palabrapalabra». Lo mismo podía aplicarse Carmen con su pregonada «búsqueda de interlocutor». Y ya en marcha la correspondencia epistolar, que se extenderá a lo largo de sesenta y siete cartas, entre julio de 1964 y marzo de 1986, Martín Gaite hace una encendida defensa del género: «si se fomentara esta forma de trato tan desacreditada... se aprendería también a hablar y a escuchar más sosegadamente en las otras ocasiones, cuando te echaras a la gente a la cara».



José Teruel ha destacado la condición narrativa de esta correspondencia. En las cartas, en efecto, el lector asiste al nacimiento, consolidación y extinción de esta relación epistolar. Pese a su necesidad de conversación, Benet se muestra más descuidado en mantener este intercambio, que para Carmen Gaite tiene suma importancia. La insistencia de ella en contar con él y el distanciamiento de él desde que en el decenio de los ochenta se convierte en literato de moda y los escritores más jóvenes reconocen su magisterio, confluyen en el apagamiento de esta correspondencia, que el artífice de haberla reunido ha arropado con un cuerpo de notas suficiente y un prólogo aclaratorio.