martes, 16 de septiembre de 2014

Teresa Goitia Ajuria




TERESA GOITIA AJURIA (1895-1990)

Hija de Francisco Goitia y Guadalupe Ajuria. Nació el 15 de Abril de 1895 en Villafranca de Oria (hoy Ordicia, Guipúzcoa), un pueblo dividido políticamente en liberales y carlistas. Su padre fue el fundador de “La maquinista Guipuzcoana” o “Compañía auxiliar de ferrocarriles” con lo que se convirtió en el promotor de la revolución industrial en Guipúzcoa y Vizcaya, introduciendo además la hojalata en el país. Francisco trabajaba a su vez para el Liberalismo Vasco. Fundó con Ramón Usabiaga y Jamar, “La Voz de Guipúzcoa”. Escribió “Autonomía Mundial”, “Liga Vizcaína de Productores”, “Política financiera 1902, “La cuestión de Irlanda y las Vascongadas” y “El material para Ferrocarriles y la Industria del país” (Fontanet, 1892).



Francisco Goitia Ostolaza
El verdadero padre de la fábrica de Beasaín fue don Francisco Goitia Ostolaza, quien nació en Olaberría, murió en Donostia y recibió sepultura en el camposanto de Villafranca. Don Paco pertenecía a una familia de ferrones. Sus antepasados tuvieron una ferrería en Yurre, camino de Idiazabal y para dar más amplitud a la industria bajaron al río Oria aprovechando un salto de agua a mitad de camino entre Beasaín y Villafranca. Al advenimiento del maquinismo aquellas forjas entraron en el terreno de la construcción, consagrándose a la calderería y a la mecánica”.
                   
Los primeros artífices del Beasaín industrial” por José María Donosty.


De familia numerosa (once hermanos en total) tras varias desgracias ocurridas a varios de sus hermanos varones y a su gemela finalmente sobrevivieron seis hermanas y un varón.

Guadalupe Ajuria y sus hijas
                            
La familia residía algunas épocas en Madrid, ciudad pequeña por aquel entonces, en la Plaza de Santa Bárbara. De la ciudad le gustaba sobre todo pasear con su padre por el Retiro, encontrarse con Serafín Baroja, padre de Pío y Ricardo, ir al Rastro o escuchar a los intelectuales de la época en el Ateneo. Otro de sus lugares predilectos era el Museo del Prado, sin embargo prefería ante todo la calma que le ofrecía su pueblo.


INFANCIA EN VILLAFRANCA:

La suya era la familia principal del pueblo; cuando volvían en tren desde Madrid les esperaban en la estación todos los chiquillos e incluso la banda de música. En la fábrica les hicieron un pequeño coche con motor que subían al monte y disfrutaban todos los chicos bajando en él. Jugaba a “kalejiras” (cogidos del brazo chico y chica corrían saltando al ritmo de la música), y acudían a “amaiketakos” (aperitivos que dan los novios antes de su boda) y a fiestas eúskaras. Celebraban por todo lo alto corridas de toros y el carnaval.



“En el pueblo cogíamos el tren en marcha, vadeábamos el río, y nos hicieron  en la Fábrica un pequeño coche con motor que lo subíamos al monte.”


Teresa Goitia con su hermana Flora  y compañeras de clase en Orthez

ADOLESCENCIA:

En Madrid las hermanas fueron presentadas en sociedad y acudieron a un sin fin de fiestas, todas ellas estudiaron internas en un colegio en Orthez en Francia.
En estos años murieron sus hermanas Inés (la pequeña de la familia) y Carmen (la mayor). Estas dos desgracias unidas a la ruina de su padre provocaron la muerte de éste, quedando su madre sola y con cuatro hijas.  La solución a sus problemas fue huir del pueblo y Madrid y abrir un estanco en Barcelona.
Vivían  en frente del propio estanco que pronto empezó a cobrar adeptos y tenían lugar en él tertulias, y donde doña Teresa tuvo toda clase de pretendientes, desde el modesto obrero con su cazuelita hasta Gabriel Miró.
 Al morir su abuela y heredar su madre buena cantidad de dinero pudieron mudarse a San Sebastián, no sin pena de abandonar Barcelona. En San Sebastián llevaron la vida clásica de señoritas.

Alquilamos un toldo en la playa, donde nos pusieron un banco verde y allí acudían todos nuestros amigos.”



VIDA DE CASADA:

En uno de sus paseos por el Casino se encontró con Tomás Benet, uno de los contertulios catalanes y acordó con él un encuentro en Madrid. Después de pedirle él relaciones se comprometieron y se casaron pasado un año. El viaje de novios comenzó en Francia e incluyó visitas a Niza, Italia…

 Teresa Goitia y Tomás Benet                

Tras el viaje de novios se instalaron en Madrid ya que en Barcelona Tomás estaba perseguido..

Fruto del matrimonio nacieron sus tres hijos: Marisol, Francisco y Juan.


En Madrid Tomás Benet ejerció de abogado y Consejero Delegado de los patronos. Fue detenido en cierta ocasión y fue su mujer la que logró que le soltaran. En pareja solían ir al cine a ver películas del Oeste y a oír cantar a Carlitos Gardel. Vivían en la Castellana. Él le enseñó a jugar al ajedrez. Ambos recibían clases de inglés. La convivencia no fue fácil, celos, sospechas y mal genio, pero pudieron estar juntos durante un tiempo. Tras varios problemas referidos siempre al dinero, Teresa se marchó con los niños a casa de su madre, siendo uno de los primeros divorcios de la República.


                                                

VIDA SEPARADA:

Entró a trabajar para el Ministerio de Asuntos Exteriores el año 1934. En 1936 estalla la guerra. Comenzó a esconder a muchas personas en su casa. Su marido se encontraba en la lista negra y finalmente un día lo sacaron de su despacho, lo llevaron a una cuneta y lo fusilaron..

“El mismo día del asalto al Cuartel de la Montaña, me llamó una vecina mía para que bajase a su casa y me dijo si podía tenerle escondido a su cuñado, que era don Emilio, el General Barrera y le dije: “suba, sea lo que Dios quiera”. Tenía también a mi primo, Ramón García Noblejas, a su madre Laura y a su hermana Laurita. La tía Laura era un caso, su casa era un arsenal de armas, cogía todos los días varias de ellas, se ponía un capote y las lanzaba en El Retiro. También tenía a un amigo de mi sobrino Carmelo, Salvador Pruneda, hijo de un general, y a Santos Arias Miranda, primo mío, cuyo cuñado era José Martínez Velasco, presidente del Gobierno. Total, que mi casa era un asilo.”


Juan  y Paco en la embajada de Finlandia

Teresa y su hija Marisol      

 Ella misma se tuvo que refugiar durante tres días en el ministerio y después la trasladaron a la embajada de Finlandia donde llevaron también a sus hijos. De la embajada la trasladaron a Valencia donde embarcó en el vapor turco “Karadenis”. En él llega hasta Malta y Siracusa, hasta que un barco italiano la llevó a Sevilla y desde allí volvió a San Sebastián, donde se encontró con la noticia de que su madre había muerto. Se reintegró en el ministerio de Asuntos Exteriores y dió clases de español con las que ganaba el doble del sueldo del ministerio.
 Al terminar la guerra regresó a Madrid. Con el dinero heredado de su madre montó la chocolatería “Maite” en la calle Sevilla. Con las ganancias montó el Bar “El Coto”, que tuvo gran éxito, acudiendo a éste todo el Madrid elegante; llegándose a pagar al botones 25 pesetas por un taburete sólo quince días después de inaugurado el bar. Vivió en Alberto Bosch con sus tres hijos.

                                

                                                               Teresa Goitia y Juan Benet

 Sus hijos fueron notables estudiantes. Decidió que Paco estudiara Arquitectura y Juan Ingeniería debido a su gran capacidad para las matemáticas. Paco, decepcionado con la arquitectura viajó a la Sorbonne para estudiar Filosofía. En París conoce a dos muchachas americanas que utiliza para realizar la fuga de dos amigos suyos del campo de  concentración de Cuelgamuros y conseguir que atravesaran la frontera.
  Teresa fue a menudo a visitar a su hijo a Francia; Paco estaba alojado en la Casa de España en París hasta que un 18 de julio se le ocurrió cambiar la bandera española por la republicana lo que le costó la expulsión, teniéndose que trasladar a la Casa de Canadá, donde le acogieron.


VIAJE A NUEVA YORK:

 Para llegar a Nueva York embarcó en La Coruña en el vapor Habana, barco que pensaba de contrabando por los rodeos que llevaba a cabo. Una de las cosas que decepcionó a Teresa es que el barco no pasara por Cuba. Llegó a Baltimore, a donde fueron a buscarla su hijo Paco y su sobrino Fernando Chueca. Después viajó de Baltimore a Nueva York. Nueva York no le convencía al principio, por la ausencia de tertulias interesantes y las enormes cantidades de basura, pero al final acabó agradándole.

VUELTA A ESPAÑA:

Vivía en su casa de Alberto Bosch con su hijo Juan. Llevaba una vida muy amena gracias a las reuniones con los amigos de este, por lo que sufrió de una gran soledad al terminar la carrera Juan y casarse con Nuria Jordana. Paco también se casó con una princesa iraní y comenzó a trabajar como delegado europeo de Ciencias Sociales de la U.N.E.S.C.O. y fue destinado a El Cairo durante cinco años, pero se le ocurrió llevar a cabo un estudio para ayudar a las tribus más necesitadas de Irán y para ello tuvo que dejar su trabajo. Cuando el ministerio iraní le dá amplios poderes para desarrollar su estudio, Paco muere extrañamente en un accidente de tráfico en el desierto, cosa que devastó a su madre.Teresa fue a buscar su cuerpo a Teherán para traerlo de nuevo a España.

OTROS VIAJES:

 En Barcelona embarcó con una amiga hacia Marsella. De Marsella llegó a Livorno y de Livorno a Génova. Florencia, Beirut y por fin Egipto.
 En barco viajó también a los países del Norte, causándole gran impresión la ciudad de Leningrado. Visitó Polonia y cerca de Varsovia tuvo la suerte de poder asistir a un concierto de Bach tocado en un gran órgano.

NATURALEZA

 Una de las cosas que más le sobrecogía era la grandiosidad de la naturaleza.
Fue testigo de una erupción del volcán Etna; presenció además otros fenómenos naturales como fueron la caída cercana de un rayo, terremotos, la visión de la aurora boreal e incluso una feroz tempestad en medio del mar.

“Asistí al mayor temporal cuando fui a Nueva York ¡qué mar gozamos, qué grandiosidad!; nuestro barco iba de lado, el pasillo del barco, en lugar de estar horizontal, iba vertical, pero la vista del mar era impresionante. La naturaleza, hay que rendirse, es IMPONDERABLE.”

AFICIONES

 Teresa Goitia fue una gran amante de la pintura y mantuvo buena amistad con la mayoría de los pintores de su época: Daniel Vázquez Díaz, Benjamín Palencia, Rafael Zabaleta, Eduardo Vicente, Cirilo Martínez Novillo, Menchu Gal, Alvaro Delgado, Juan Manuel Caneja, Gregorio Prieto, José Gutierrez Solana, entre otros.

 Fue asidua de la ópera en el Teatro Real y gran aficionada al teatro y a los toros, siendo gran admiradora de El Gallo y Cagancho


LA TERCERA EDAD:

“No me gusta nada. No puedo saltar, correr, viajar; cuando veo saltar las escaleras de tres en tres, me entra una pena…”

 Pasó sus últimos años en la Residencia del Monte Carmelo de Madrid, donde hizo muy buenas amigas y su familia iba a visitarla muy a menudo. Sus hijos la invitaban a sus casas dos o tres veces a la semana ya que uno de sus mayores hobbies era comer bien.

“He tenido  la suerte de tener amistades entrañables que sólo por haberlas conocido vale la pena vivir esta vida. Ahora me gustaría tener un caserío y vivir allí con toda mi familia, ya sé que no puede ser, pero sí lo puedo soñar.”



Teresa Goitia Ajuria  Recordando mi vida Ed. La Gaya Ciencia 1979